Aunque hay piscinas al alcance del curioso que se desvía en las estribaciones de Sierra Nevada, Riofrío, a casi un tiro de piedra de Loja, en la autovía lanzada a toda velocidad hacia Granada, Almería, el Levante español, el delirio del ladrillo, tanto esta pequeña localidad granadina de trescientos habitantes como la vida de los esturiones parece un secreto bien guardado… por nuestra ignorancia. Porque su biografía está ahí, para quien la quiera leer. Es lo que ha hecho Alberto Domenzain Fau, que ha encontrado la pasión de su vida en el Acipenser naccarii, es decir, los esturiones. Nacido en la localidad navarra de Mendigorría hace 55 años (tiene que hace cuentas: «me cuesta recordar los años que tengo»), este biólogo encontró en Riofrío un río, un trabajo y un pueblo a la altura de sus sueños: «Quiero que me entierren –o me quemen- aquí».

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